En el monte o en los espacios naturales es habitual arrojar al suelo los
huesos de las frutas que comemos, ya que damos por hecho que se van a
biodegradar. Y así ocurre en la mayoría de los casos. Pero, si se
cumplen unas condiciones ambientales muy concretas, es posible que la
materia orgánica se conserve durante cientos de años. Uno de los
quehaceres de los arqueólogos y los arqueobotánicos de la Fundación
Arkeolan es buscar y analizar esos materiales, para obtener información
sobre la alimentación, las ropas y los enseres de nuestros antepasado.