En torno al
año 1000 aparece una de las figuras más emblemáticas de la época medieval: el
señor feudal. Propietarios de territorios más o menos amplios, ejercían su
poder de forma casi autónoma: hacían de policía, rendían justicia, controlaban
los impuestos y el comercio. La nobleza se organizó en torno a una pirámide
feudal cuyo testimonio también se puede reconocer en los yacimientos
arqueológicos de esa época.