Varios siglos antes de nuestra era, hasta un pequeño valle agrícola de La Serena (Extremadura),
llegaron influjos de los pueblos que cruzaron el Mediterráneo para comerciar
más allá de las Columnas de Hércules... Con ellos llegaron el vino, el aceite,
el hierro, el torno de alfarero, la escritura y un sinfín de refinamientos
más... Y a orillas del pequeño arroyo Caganchas, una cabaña indígena que sería
ya seguramente lugar de culto anterior, se transformó para siempre,
convirtiéndose en el santuario de Cancho Roano.