En las
primeras décadas del siglo XX, la búsqueda de Tartessos se convirtió en una
obsesión para un joven historiador alemán empeñado en descubrir una
civilización nueva, el origen de Europa. España se había convertido en Eldorado
para los practicantes de la Arqueología y Adolf Schulten esperaba encontrar
bajo las arenas del Coto de Doñana su Troya particular, una ciudad que vistió
con el aura de la
Atlántida. Más allá del riesgo de semejante aventura, aquel
empeño iba a marcar la carrera de Schulten y la percepción que de Tartessos iba
a tener la Ciencia durante décadas.