En 2013, el ingeniero italiano Guido Gay encontró un antiguo buque naufragado entre Córcega e Italia a una profundidad de 360 metros. Inicialmente pensaron que llevaba un cargamento de piedra de lastre, pero no tardaron en descubrir que el buque transportaba toneladas de vidrio de diversas calidades. Este descubrimiento extraordinario, el segundo de este tipo, dio pie a la creación de un equipo arqueológico francoitaliano para investigar el cargamento del pecio, conocido como Capo Corso 2, a bordo del Alfred Merlin.
Esta obra analiza la importancia del vidrio en la Antigua Roma, a través de la investigación arqueológica realizada por el equipo en aguas profundas, y cómo el desarrollo y la difusión de los métodos de fabricación del vidrio cambiaron la civilización humana para siempre.